domingo, 10 de julio de 2016

Steiner y la guerra del click




Por culpa de la entrevista a George Steiner (esa que todos nos dedicamos a rebotar en redes estos días) el sábado bajé a comprar El país en su versión en papel. Hacía mucho tiempo que no acudía a un kiosco a por la prensa de fin de semana y me sorprendí a mí misma recordando ese gesto tan propio del cretácico de mi vida.

No me había bastado con leer a Steiner en mi ordenador. Los argumentos eran tan acertados y sus palabras tan inspiradoras que me entró un impulso febril de conservarlas. Me resistía a perderlas en ese cajón inabarcable que es la nube de internet.

Es lo que tienen los unos y ceros, que siempre se olvidan. Cuando las cosas no ocupan espacio es difícil calcular su valor. Se vuelven intangibles. Nos ha pasado con los discos y también con las películas. Antes, cuando los adquirías, los ponías una y otra vez hasta aprendértelos de memoria. Amortizabas ese objeto en el que habías empleado el valor de tres pagas. Pero claro, entonces la cultura tenía un valor y el dinero también jugaba un papel importante.

Al día siguiente de comprar El país (no encontré un hueco a lo largo del sábado) me preparé el desayuno y me senté a degustar de nuevo las palabras de Steiner, esta vez en papel. Hojeé el periódico en busca del Babelia y me alarmé al descubrir un detalle: la de noticias que me habían pasado desapercibidas el día anterior en la versión web.

No parecía el mismo periódico. Era como si alguien se hubiera dedicado a salpicar las tripas del diario con noticias de rango inferior. Informaciones nuevas.

Alarmada, me pregunté si sería por mi culpa. Las primeras planas se nutren de rótulos estrambóticos cuya única misión es que los peces piquen. Ha sido a modo de goteo, apenas sin darnos cuenta. El avance del digital ha supuesto también el atraso del paladar. Basta con el titular y su peligrosidad.

Recuerdo a mi padre leyendo religiosamente la prensa dominical. Pagaba un dinero para estar informado. Ahora ese gesto casi ha desaparecido en favor de la guerra del click. Cuantos más clicks mejor. No importa que la frase de inicio no tenga nada que ver. Da igual. Tú haz click.

El periodismo es una profesión con una dicotomía curiosa. Se asocia a la rapidez, a la premura de la información, cuando también es preciso recordar su necesaria maceración y el reposo en muchas de sus vertientes.

Al hilo de esto, el martes descubrí un maravilloso documental en la 2 sobre el periódico El caso. Explicaba perfectamente esta dicotomía: a pesar de la premura de la publicación semanal y de que sus reporteros tenían que trasladarse rápidamente a cualquier lugar de la geografía, se les permitía impregnarse de la noticia para trasladarla de manera empática. Y aseguran que esa fue una de las claves de su éxito.

Ahora todo eso, al igual que el periódico El caso, es historia. Nos basta con el esqueleto. Nos hemos quedado en un esquema libre de contenido. Nadie se detiene a leer por lo que ha pagado porque, generalmente, no lo paga. Y tal vez ahí esté la trampa. Asociamos el valor de las cosas a lo mucho o poco que nos cuesta adquirirlas.

Mientras terminaba el desayuno con el buen regusto de la entrevista de Steiner, pensé que volvería con los ojos cerrados a la época de la prensa pagada. Regresaría a las buenas costumbres; a los domingos con formato de papel. Y tras pensar todo esto cerré el periódico dispuesta a recuperarlas. A dedicar una mañana del fin de semana a ejercitar mi paladar. Ahora el problema está en ver qué periódico. Encontrar uno que no esté echado a perder.qiuepapel. Ahora el problema sersa escrita pagada. A recuperar las buenas costumbres. z ahl formato papel. Ahora el problema ser



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